domingo, 6 de noviembre de 2011

Vida destruida, mundo construido: Capítulo V

A lo lejos Esteban escuchaba como se acercaban sus compañeros en busca de aquel fuerte de gente tan extraña, decidió alejarse antes de que se acercaran, no quería ser confundido por uno de ellos. Con el corazón satisfecho por un lado al cumplir la venganza de su “amigo” aquel humilde hombre que se encontró en las circunstancias y momentos equivocados había muerto, y por otro lado, la muerte de este mismo lo hacía replantearse muchas cosas ¿lo que hacía estaba bien? ¿Si había gente como él, que por cosas del destino es tachada como malvada, tienen la culpa? Estas cosas le comenzaron a fundir los pensamientos, bloqueando cualquier otro tipo de idea.

Al cabo de un mes en completa soledad, decidió dejar el refugio que había encontrado y comenzar a buscar a aquella organización tan grande que le comentó ese sujeto hace tanto tiempo. Los días se les hacían eternos, y las noches cortas, con el mapa que había conseguido de Pedro había podido comer algo más que latas de conserva y uno que otro dulce vencido que había por ahí, olvidado quizá por un niño, pero eso ya no tenía mucha importancia.

Los meses siguieron pasando, y como un errante por el mundo, un nómada alejado de su grupo, Guerrero seguía avanzando por ciudades devastadas por el tiempo, ahora gobernadas por la naturaleza. Desde un punto de vista, ver a la naturaleza, a lo salvaje, reinar sobre la “vida moderna” tenía un gusto especial, que le daba tranquilidad a Guerrero mientras avanzaba, quizá el mundo se había ido al infierno, pero la naturaleza se sobrepuso a la mano del hombre y como gran reina vuelve a lo que es suyo. Las grandes ciudades que antes se habían extendido hasta la estratosfera, ahora no eran más que un anciano de una espalda doblada, como cansado de tanto ir y venir.

Ahora Guerrero se encontraba en un campo, lo que antes era una zona rural, estaba llena de maleza, el descuido de este lugar daba signos de que como en las grandes ciudades, en los campos también había caído todo tipo de orden. Guerrero caminó por lo que antes parecía ser una carretera de de tierra, cuando 4 personas de alrededor salieron de entre los hierbajos y arbustos, armados con nada más que hachas, mazas y palas, comenzaron a interrogarlo.

-¿¡Quien mierda eres y qué haces por estos lados!?

- ¡No me hagan nada por favor! Estoy de paso.

- ¿cómo te llamas, extranjero?

- Soy Javier, vengo caminando desde las ciudades en busca de mejores proyecciones de vida- dijo Esteban, y al ver que las personas le comenzaron a creer, suspiro de relajo.

-Mmmh… acompáñanos a nuestro refugio, te presentaremos ante la asamblea y veremos si entre todos te aceptan o no.

Entonces caminando entre la espera selva que estaba en plena formación, llegaron a una granja, caminaron cerca de 5 kilómetros por la espesura del bosque, entre riachuelos y pequeños barrancos de 2 metros, todo parecía que estaba prefabricado por si algún extraño tenia la osadía de ir a buscarlos. Una vez que llegaron, Guerrero vio a un centenar de personas, entre niños jóvenes y adultos, hombres y mujeres. Al notar la presencia de Guerrero, la mayoría corrió a sus piezas, pequeñas mediaguas para las familias. Solo quedaron un grupo de diez personas, 5 hombres y 5 mujeres, contando a los que venían con escoltando a Guerrero. Al verlo una de las mujeres, la de mayor edad, cerca de unos 70 años tenía, se le acerco con cierta ternura, Guerrero no estaba en el mejor estado después de todo, los pómulos pronunciados, la cara contraída, estaba literalmente en los huesos. Una vez alejada esta anciana, se le acercó un hombre de gran estatura, grandes brazos, parecía un soldado más de la brigada de Guerrero, este le dio la mano y lo saludó.

-Bienvenido a nuestra humilde comunidad-Dijo este hombre, con una voz tan grave como la de un tenor.

-Gracias –Dijo Guerrero, algo asustado por su prominente voz- Espero ser aceptado por ustedes.

-Eso lo veremos más tarde, ahora estamos preparando el almuerzo, quédate a comer con nosotros.

Esteban no pudo rechazar la oferta, moría de hambre, hace unos 3 días que se le habían acabado las raciones que podía llevar consigo, apenas le hablaron de comida su estomago rugió como un león. La comida consistía en un caldo de gallina, hace tanto tiempo que no comía una comida de verdad Esteban que al ver los platos salivaba como un perro. ¡Ni en el cuerpo de fuerzas especiales había comido algo así de apetitoso! Todo esto con su respectiva ensalada de lechuga y de postre arroz con leche. Esteban se lo comió con una velocidad de la que todos quedaron sorprendidos, estaban acostumbrados a comer todos juntos en una gran mesa y a disfrutar cada trozo que se servían, Guerrero olvidó la etiqueta y comió como si nunca lo hubiese hecho.

Al paso de unas horas, todas las personas habían comenzado a pararse y a trabajar, unos cuidando animales, otros en labores de granja, otros lavando la loza, todos hacían una pequeña parte, y en conjunto funcionaban como un gran reloj suizo. Entonces solo quedaron las 10 personas y Guerrero para discutir si se quedaba con ellos o no.

- Yo creo personalmente que dejar que siga su camino seria lo correcto ¿no? –Dijo el hombre que parecía el líder de todo el consejo.

- No lo creo –dijo la anciana que lo había acariciado- Debe estar cansado de andar por ahí, recordemos que viene viajando desde las grandes ciudades.

- Concuerdo con ella – Dijo una joven que no parecía tener más de 30 años. Esteban se fijó inmediatamente en ella.- Creo que una vez repuesto, serviría para la crianza de los animales.

- Eso es verdad- Dijo otro hombre, más bien bajito, y con una prominente calva- Últimamente nadie quiere esa labor, y ya que es el nuevo, no debería por qué negarse, sino le gusta la idea, se puede ir jajajaja.

Todos rieron con esa última frase, siguieron debatiendo la cuestión de si se quedaba o no, aunque parecía bastante claro ya. Esteban sería recibido con los brazos abiertos.

Al día siguiente le consiguieron ropas nuevas y una navaja de afeitar, su barba lo hacía parecer un hombre malvado decían algunos dentro de la comunidad. Al afeitarse se dio cuenta lo mucho que había cambiado, todos lo habían visto así ya, pero él nunca lo había hecho, rara vez tuvo tiempo en la ciudad de verse ante un espejo después de salir de la base. Una vez afeitado se cortó el pelo y se puso ropas nuevas, parecía un granjero más y dentro de él le daba alguna satisfacción, siempre había querido tener su campo, su tierra la cual labrar y vivir de esta.

El día comenzó a al 7 de la mañana, y terminó a las 7 de la tarde, luego de esto quedaban todos libres para reunirse en una fogata a conversar temas diversos. Esteban buscó a la muchacha que lo había avalado cuando se trató el tema de su estadía, paseó la mirada por todos lados hasta que la encontró. A la luz de la fogata se veía más linda.

-Hola, soy el extranjero- dijo Guerrero con voz nerviosa.

- Hola extranjero- Dijo irónicamente.

- Gracias por abogar por mí, ¿apropósito cual es tu nombre?

-Estefanía para servirte.

- Javier es mi nombre, para lo que necesites.

Y en ese momento, ambos quedaron en silencio, mirándose a los ojos sin decir nada, pero a la vez diciendo todo, habían tenido química, y era imposible negarlo, tanto que llegó a incomodarle a Esteban, dentro de sus planes no estaba enamorarse, y hacerlo consistiría en hacer de su misión, que es la de desbaratar grupos rebeldes, como este mismo, se haga más difícil. Por otro lado, llamar grupo rebelde a aquella comunidad no sería justo, puesto que no hacían mayor mal, solo trataban de vivir lo más normalmente posible, tenía toda una batalla peleando en su cabeza, y no sabía realmente que debía hacer.

Pasaron los meses, Esteban se había relacionado con Estefanía al nivel de que todos hablaban de formalizar las cosas, estaban viviendo juntos y se complementaban muy bien. Trabajaba bastante bien como granjero, y había tomado un poco de cuerpo, todos lo tenían con mucha estima, había pasado de ser un extranjero a una parte vital de la comunidad, hasta que su mente no pudo más, su convicción era reducir los grupos rebeldes y eso es lo que el haría, aunque tuviera que dejar todo lo que tenía.

Eran cerca de las 4 de la mañana, Esteban había recorrido esos caminos mil y una veces de noche y de día, conocía las trampas y sabia pasarlas. Le dejó una carta en la cama, diciéndole que tenía que partir, tenía que hacer algo que no le podía explicar, y que jamás la olvidaría, estaba en lo cierto con todo aquello, el tenia una misión, y la cumpliría con éxito. Cerca de las 5 de la mañana salió a la carretera, y siguió su rumbo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Vida destruida, mundo construido: Capítulo IV

Pedro vio a este grupo, encolerizado, recordando a su familia, amigos, no podía evitar querer salir corriendo en busca de los vagabundos que lo atacaron, Guerrero lo contuvo lo más posible.

-No, espera, es muy temprano para hacer un ataque directo, son mayoría no podremos con ellos.

-No me importa morir, con tal de que ese hijo de puta caiga hecho pedazos por mis propias manos.

Eso fue lo último que escucho Guerrero de su compañero de viaje, en sus dos días de convivencia, Guerrero le tomó cariño, después de todo, con una historia como la de él, hasta el más frío sentiría empatía por un pobre diablo al que le arrebataron de sus manos a todo ser querido que conocía.

Pedro gritando como un loco, con una piedra en cada mano se lanzo contra el grupo de 5 personas, el líder cuando lo vio sonrío, con una sonrisa macabra, como esperando ese momento hace mucho. Sacó un arma de entre sus abrigos y le disparó en el pecho, el resto del grupo reía como nunca antes en sus vidas. El pobre Pedro terminaba sus días de penas y dolores. El grupo del hombre del parche se alejó al cabo de unos minutos, Guerrero estaba en shock, ni dentro de las fuerzas especiales en las que participaba usaban tal nivel de crueldad, a nadie se le disparaba si no estaba armado con un arma de fuego también, era una ley que todos tenían en cuenta, todos, menos este hombre, que al parecer, la vida de los demás le daba exactamente lo mismo.

Al cabo de unos minutos después de que ellos se fueron, Esteban se acercó a Pedro, quien agonizaba aún, no podía decir nada, estaba pálido como una roca, temblaba, miraba a Esteban que solo decían “por favor, acaba con mi sufrimiento” él lo entendió, y lo llevo a cabo. Con un cuchillo rustico que encontró dentro de la casa que era su refugio, le cortó la garganta, su muerte fue rápida, pero el dolor de llevarse a un inocente le pesaría por mucho tiempo.

Pero la muerte de Pedro para Guerrero fue un cambio de actitud completamente fuera de lo que habría sucedido si seguía trabajando de la misma manera que trabajaba con las fuerzas especiales. Ahí afuera existía gente buena, gente como él, gente que necesitaba ayuda, y que ellos no podrían dársela, como también existían personas malvadas hasta la médula, como el grupo del hombre del parche, y esa gente merecía la peor de las torturas, y él sabía cómo administrarla.

Esteban Guerrero quedó plasmado con la historia de su caído acompañante. Y ahora solo quería acabar con el que truncó su deseo de venganza. Siguió el rastro de aquel grupo hasta una especie de mini hospital, probablemente la consulta de algún doctor en el pasado, se ubicaba en un condominio cerrado por altas murallas y una reja, dentro de esta había una comunidad, que probablemente dirigía el hombre del parche, cuando ellos se acercaron un portero les abrió y les dio un saludo militar. Esteban entendió que aquel hombre era el líder de ellos, y se puso a trabajar en la estrategia para entrar a su fuerte, a su castillo.

Rondó por alrededor de aquel condominio, se subió a tejados por las noches tener una visión más amplia del lugar. Por las noches se reunían en una gran fogata en medio del lugar, desde su distancia no podía saber que hacían, creyó que cantaban canciones, comían, hacían reuniones, le importaba poco, solo quería saber cuántos eran. Calculó que eran alrededor de 10 hombres y 7mujeres, niños no vio. Cerca de las 12-1 de la madrugada la mayoría se iba sus respectivos lugares y se dormían, la casa de el hombre del parche era la de el fondo del lugar, una gran casa, con guardias afuera, estos guardias cambiaban cada 3 horas aproximadamente, aunque no faltaban los que se iban una media hora antes, lo que dejaba un hueco en el horario, ese sería el momento justo para atacar. Examinó los muros con sumo cuidado, todos estaban firmes, pero por un lado un árbol estaba a punto de caer, seria la escala perfecta para poder entrar. No necesitó demasiada fuerza para poder botarlo, aunque causó un poco de ruido, ninguna persona pareció percatarse de lo sucedido. Tenía todos los datos necesarios para actuar, esperaría el día siguiente para comenzar el plan de venganza, ahora solo necesitaba reunir un par de utensilios para su tarea, tenía un cuchillo ya, en la casa encontró paños, una capucha, ropa, increíblemente aun había ahí, tenía todo lo necesario.

La noche llegó y con ellos el hombre del parche, Eran las 21hrs de la noche según su reloj, la gente se reunió alrededor de la fogata como la noche anterior, Esteban se acercó a los muros y algo podía escuchar. Lo que escuchaba era horrible. Al parecer hablaban los hombres que salían con el hombre del parche, ostentaban sus “logros”.

-Yo solo pillé a un hombre y le golpeé con una gran piedra en la cabeza, si no me creen, miren mi ropa, sucia de su sangre y sesos

La gente reía y aplaudía. Otros hablaban de sus hazañas, parecían felices con sus logros. Jamás había visto Esteban tal tipo de escena, gente feliz por acabar con otra, sus muchachos del pelotón cada vez que salían siempre volvían cabizbajos, a nadie le gustaba matar, a nadie, solo a ellos.

Se hizo tarde, la gente se retiraba, esperó detrás de la casa del hombre del parche para ver el momento del cambio de guardia. Cuando faltaba 1 hora, la guardia se fue “estúpidos, por su culpa su líder morirá” pensó Guerrero. Corriendo hacia el árbol que había preparado, saltó con la agilidad de un felino y cruzó la pared. Iba todo de negro, sería imposible reconocerlo en la oscuridad. Con gran velocidad corrió a la casa de su víctima y entró, lo pillo dormido sobre una silla, con una botella de algún tipo de alcohol que preparaban en el condominio. Apenas lo vio de cerca, Esteban comenzó a sentir miedo, era un gran hombre, muy alto, con grandes brazos, no quería matarlo, quería hacerlo sufrir antes, así lo hubiese querido Pedro. Sacó su cuchillo, cortó el paño que traía consigo, y le amarró las manos a la espalda, estaba muerto de borracho, jamás se daría cuenta. Luego le amarró los pies, seguía roncando. El tiempo corría en su contra, tenía cerca de 30 minutos para poder hacerlo sufrir y acabar con la vida de él. Luego de haberlo amarrado, le dio un golpe en la cara, tan fuerte que lo botó al suelo, entonces despertó, furioso, gritando por sus guardias, en ese momento Esteban le cortó la lengua, la sangre corría por todo el piso, El hombre del parche lo quedo mirando con los ojos desorbitados, no entendía que pasaba. Esteban luego de esto le comenzó a cortar los tobillos, a apuñalarlo en las costillas, el hombre del parche solo quería piedad, y Esteban comenzaba a disfrutarlo. Quedaban 15 minutos.

Esteban comenzaba a sentirse exhausto, el hombre lloraba por su vida, seguía sin entender, Esteban se acerco a sus ojos, el hombre más trataba de gritar, se acercó a su oído, y le dijo:

-Esto va por Pedro, grandísimo hijo de puta.

El cuchillo de Esteban se clavó en el ojo bueno que le quedaba, dejó su cuchillo ahí, y con los 5 minutos que le restaron corrió hacia el lugar por donde entró, nadie se dio cuenta, hasta el amanecer.

Esteban había cumplido con la venganza de su amigo, ahora tenía que hacer su trabajo. Con el comunicador que se llevo, llamo a base, dio las coordenadas del condominio y a las 8 de la mañana llego un escuadrón de las fuerzas especiales a desocupar el lugar. Un pequeño grupo encontró el cuerpo del que supusieron que era el líder, en los informes escribieron que el líder había muerto probablemente por una revuelta interna del lugar, cuando encontraron el punto en que Esteban había hecho el comunicado, ya no había rastro de el-

sábado, 29 de octubre de 2011

Vida destruida, mundo construido: Capítulo III

Guerrero sabía que la hostilidad del ambiente ahí afuera de la base era grande, pero jamás imaginó que cuán grande era. En su travesía por las ruinas de la ciudad, vio muchos cuerpos, cuerpos de personas, animales, la mayoría perros, sentados, en posición fetal, supuso que murieron de inanición, qué terrible muerte debe ser aquella, morir por falta de alimento. ¿Este era el mundo real o solo una pesadilla de aquel lugar que de niño era tan colorido, tan verde, tan atractivo a la vista?

Pasaron días, meses, Guerrero no llevaba la cuenta exacta de cuánto tiempo había pasado desde que dejó la base. El tiempo causó estragos en su aspecto, ya parecía un errante desde siempre, una gruesa barba, cabello largo y enredado, sucio. Guerrero encontró una pequeña casa solitaria, en su tiempo debió ser muy cotizada, ahora era un agujero donde esconderse. Hacía mucho tiempo que la saquearon por completa, tuvo suerte de que las puertas y ventanas aún funcionaban bien, aunque las ventanas estaban todas rotas, tenían las protecciones, y aunque algo oxidadas, aun cumplían su misión. Eligió esa casa porque sabía que alguien lo seguía, no sabía quién, pero sentía a alguien siempre unos pasos más atrás de él, quizá era un loco psicópata, buscando carne fresca, aunque había cuidado su aspecto para parecer viejo, sabia finalmente que aquellos que llevaban tiempo en el asunto de vagar por la ciudad, sabrían que era bastante joven.

Una noche, luego de haber ido en busca de alimentos, los poco que podía ocupar, unas cuantas conservas, verduras cultivadas por quien sabe, y plantas comestibles que crecían libremente por las destruidas calzadas y carreteras, sintió que alguien se había acercado demasiado a su refugio. Como lo imaginó, era un hombre, bastante demacrado, pero por su altura y musculatura, sabía que un ataque directo le seria des provechoso. Oculto en la oscuridad de una noche sin luna, esperó a que el extraño entrara a la casa, y de un salto salió, lanzándose al invasor con una velocidad y fuerza que ni el mismo conocía. Jamás había luchado cuerpo a cuerpo, aparte del entrenamiento en los gimnasios de la base, con sus compañeros de grupo. El extraño no tuvo oportunidad de nada, salvo de rogar porque Guerrero no acabara con su penosa existencia.

-¡Qué haces en mi refugio!- Gritó con una ira que hasta el mismo se asustó.

-¡Por favor! No me hagas daño, te lo pido, ¡perdóname la vida!

-¡Qué quieres de mi! Aléjate antes de que me arrepienta y te mate.

-¡No, te lo ruego, no busco pelea, sino una alianza!, soy muy viejo para sobrevivir solo en este mundo tan bestial, te pido por favor que me dejes vivir contigo, conozco el lugar como la palma de mi mano, se donde hay comida, pero otros vagos andan en grupos, ya han acabado con mi familia, mis amigos, solo quedo yo, y temo no poder vivir lo suficiente para vengar a mis seres queridos.

Guerrero quedó pasmado con el motivo que le planteó, este hombre sobrevivía solo pensando en la venganza. Por un lado lo entendía, en su posición quizá también habría hecho lo mismo. Una vez calmado los ánimos, se presentaron.

-Soy Fernando-Dijo Esteban Guerrero- Vengo de una ciudad bastante lejos de esta, he caminado hasta llegar acá, buscando un poco de descanso y refugio.

-Yo soy Pedro, he vivido toda mi vida en esta ciudad, solía ser un comerciante de dulces, antes de que todo esto ocurriera…

Guerrero supuso que tampoco ese era su nombre real, imaginó que “Pedro” tampoco creyó que ese era su nombre. Conversaron hasta altas horas de la noche. Pedro era un comerciante, le dijo, Tenia su kiosco frente a una escuela, no ganaba mucho, pero era lo suficiente para mantener a su esposa y única hija. La sonrisa y alegría de los niños de esa escuela era un buen motivo para seguir trabajando ahí. Ellos compartían su alegría de vivir con él, a cambio, Pedro a los que más cariño les tenía, les daba dulces gratis y les ayudaba a los más lentos en el aprendizaje con sus tareas. Vivía una vida relativamente buena, hasta que el caos comenzó.

Pedro se encontraba en su kiosco, escuchando radio y haciendo un puzle del diario. Cuando un extra lo alarmó. En la radio se decía que un grupo organizado de más de 500 personas armada con palos, molotovs, pistolas artesanales y una serie de artículos bélicos se acercaron al Palacio de gobierno. En la radio expresaban que el mismo infierno se estaba viviendo. Su kiosco no estaba muy lejos de aquel lugar, y comenzó a cerrar por miedo. Cuando cerró, el grupo se estaba acercando al colegio, al ver al grupo tan grande, Pedro palideció, jamás había visto algo parecido en su vida. Un grupo aproximado de 5 personas se acercó a él.

-¿Usted trabaja en el colegio?- Le preguntó el que parecía líder de ese grupo.

-No, yo trabajo en este kiosco, por favor, no le hagan nada, es mi única fuente de trabajo.

-No se preocupe, nosotros no somos los malos de la película.

-¿Ustedes son las personas de las que la radio habla, como que no son los malos?

-No lo somos, estamos iniciando una nueva era, un mundo mejor. Nuestro siguiente blanco es este colegio, informantes nos han dicho que acá los profesores, auxiliares y hasta mismos directivos abusan de los niños. Sabemos que una gran mayoría de estos niños son huérfanos, que viven con familias también de abusadores, es toda una red de mentiras este lugar.

Al oír esto quedo espantado, jamás lo imaginó. El grupo en total que se acercó al colegio era algo de 50 personas, entraron por los patios, saltando los altos muros. Luego de esto se escucharon gritos, golpes, voces que pedían piedad, el mismo infierno se estaba desatando. Pedro se decidió por esconder dentro de su kiosco, Y comenzó el desastre. Llegó primero una patrulla, luego dos, luego un camión de militares, todo esto lo vio Pedro, Las fuerzas de seguridad entraron por la puerta, y se desató una batalla campal dentro. Un grupo de rebeldes abrió la puerta trasera del colegio, salió con una gran cantidad de niños, y en este preciso momento, el humilde kiosquero, entendió que lo que ellos decían era verdad, ellos no eran los malos de la película. Un grupo de militares estaba afuera del colegio, y sin piedad descargo sus fusiles contra los rebeldes y niños que arrancaban por la calle. ¿Por qué lo harían si se suponía que ellos debían de cuidar a los ciudadanos? ¿Por qué no arrestar a los rebeldes?

Pasadas unas horas, los cuerpos seguían ahí, pero los militares y policías no, en estado de shock, Pedro salió de su kiosco, y se sintió como en una película de guerra, Mientras veía a los niños llorando de dolor, a sus niños, esos que le pedían dulces cuando no tenían dinero, esos que ayudó con su tarea, todos muertos, o agonizando en un dolor que en sus inocentes mentes no tenía cabida. Pedro se acercó a uno de los rebeldes, y este con sus últimos alientos le dijo:

-Salga de aquí, rápido, antes de que vuelvan y lo maten.

- no puedo, quiero ayudarte, quiero salvar a los niños que quedan, mi auto no está muy lejos de aquí.

-No, si vuelve lo matarán, huya, usted ya sabe demasiado, conduzca por calles solitarias, alejadas de este lugar.

- Gracias por abrir mi mente, joven, jamás hubiera imaginado el infierno que debieron vivir estos niños…

- No agradezca, hágalo cuando este asqueroso sistema de gobierno caiga….

Eso fue lo último que dijo ese joven, que quizá no tenía más de 25 años, pero hablaba como un viejo sabio.

En este punto, Pedro comenzó a llorar, de impotencia por perder a aquella generación de niños que tanto quería, por perder a su familia completa a manos de vagabundos, por perder las amistades que había logrado post guerra civil.

El fuego comenzaba a apagarse, empezaba a amanecer, Esteban le ofreció una manta que encontró en la casa, y ambos durmieron un par de horas.

Cuando esteban despertó, Pedro no se encontraba, por un instante busco su mochila, creyendo que este se la había robado, de ser así, se habría dado cuenta que no era un vagabundo, y tendría que acabar con él, pese que había sido su única compañía durante mucho tiempo. Cuando se estuvo listo para salir a explorar, Pedro volvió con dos conejos.

-Hola Fernando, mira lo que encontré.

- ¡Valla! ¿De dónde los has sacado? ¿De un sombrero de mago?

-Jajajaja, casi, te dije que conocía el lugar bastante bien, y eso quiere decir que tengo trampas por varios lugares donde creía que habían conejos y liebres.

Una vez preparado los conejos, los engulleron con tantas ganas que parecía que no habían comido durante semanas, lo cual para Esteban no estaba muy lejos de la realidad. Al terminar de comer, arrojaron los huesos al fuego, atraer ratones no era una idea muy inteligente, aunque en caso de hambre, no serian una mala comida.

Caminaron cerca de 4 kilómetros, haciendo círculos alrededor de su refugio, hasta que de golpe Pedro frenó, algo lo había asustado.

-¿Qué pasa, Pedro?

-Mira ahí delante, a unos 200 metros.

-Son personas, únanos el grupo para abarcar más espacio.

-¿Recuerdas que te dije que un grupo de vagabundos asesinó a todos mis seres queridos? Ese es el grupo. El puño de Pedro se apretó y temblaba de ira.

-¿Estás seguro de eso? pueden ser otros, quizá también victimas de ellos.

-No, estoy seguro.- Dijo con frialdad- Reconocería al líder de ellos desde esta distancia.

Esteban fijo la vista un momento, supo rápidamente quien era el líder. Un hombre de 2 metros de alto aproximadamente, con una blanca barba, un parche en un ojo y grandes brazos. Esteban sabía que no podía detener a Pedro, sabía lo que estaba dispuesto a hacer, y sabía muy bien que esto terminaría con heridos y muertos.

Cuarta Parte